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  • Presenta Fototeca Nacional "Esos otros"
    Una selección de la obra realizada en la última década por el artista Benjamín Alcántara se exhibe en la Sala “Nacho López” del repositorio, en Pachuca, Hidalgo. Leer más...
  • Pedro Ramírez Vázquez. El arquitecto que construyó para la gente
          Guillermina Escoto guille_es66@yahoo.com.mx Video homenaje   Principales obras •    Escuela Nacional de Medicina de Ciudad Universitaria (1952) •    Edificio de la Secretaría del Trabajo (1954) •    Mercados de La Lagunilla, Tepito, Coyoacan, Azcapotzalco y San         Pedro de los Pinos (entre 1955 y 1957) •    Museo del Caracol (Galería de Historia, 1960) •    Torre de Tlatelolco (1965) •    Estadios Azteca (1966) y Cuauhtémoc de Puebla (1967) •    Embajada de Japón en México (1975) •    Nueva Basílica de Guadalupe (en colaboración con los arquitectos      Gabriel Chávez y José Luis Benllioure, 1976) •    Palacio Legislativo de San Lázaro (1980) •    Centro Cultural Tijuana (1982) •    Torre Mexicana de Aviación (1984) •    Edificio Omega (1984) •    Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Tocumbo, Michoacán, (1986) •    Museo Amparo de Puebla (1987) Premios •    Gran Premio de la Trienal de Milán 1960 •    Premio Jean Tschumi de la Unión Internacional de      Arquitectos 1969 •    Su nombre fue inscrito en el Libro de Oro de Jerusalén 1969 •    Premio Nacional de Ciencias y Artes 1973, en la rama de      Bellas Artes •    Gran Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura de       Francia 1978 •    Grado de Comendador de la Orden de las Artes y de las       Letras conferido por el Ministerio de Cultura del Gobierno de       Francia 1986 •    Doctor Honoris Causa UNAM 1995 •    Condecoración de la Orden Olímpica conferida por el COI      1995 •    Medalla de Oro “Arquitecto de las Américas”, Brasilia, Brasil      1996 •    Premio de Arquitectura Aga Khan por el Museo de las      Civilizaciones, Nubia, Egipto 2001   Audios Arquitecto, constructor de museos {audio}media/jukebox/pedro-homenaje.mp3{/audio} Autor del Museo Nacional de Antropología {audio}media/jukebox/pedro-ramirez.mp3{/audio}     Material relacionado    Homenaje al Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. 1919-2013    Muestran faceta escultórica de Ramírez Vázquez     Pedro Ramírez Vázquez nació y murió el 16 de abril. Una vida que comienza y termina en la misma fecha da la impresión de poseer cierta perfección arquitectónica, un equilibrio clásico en el que nada falta o sobra. Esa coincidencia obligará a recordar su nacimiento cada vez que se conmemore su muerte. Sus obras las construyó inspirado en un concepto de la Grecia Clásica, desafiando el espacio para que ahí “la gente desarrollara su vida”, porque al asumirse como urbanista “de servicio público”, su búsqueda permanente a través de la relación espacio-forma propició el óptimo desenvolvimiento de las funciones sociales en sus edificaciones, además de regalar una fisonomía a la Ciudad de México que ya no borrará el tiempo. El Estadio Azteca, la nueva Basílica de Guadalupe y el Museo Nacional de Antropología son referentes obligados de la capital de México. Los mercados de La Lagunilla, Tepito, Azcapotzalco y Coyoacan, quedan insertos en la historia moderna del país como entrañables puntos de reunión de distintos sectores de la sociedad de finales del siglo XX y comienzos del XXI; escenarios comunes en múltiples historias de la vida cotidiana. La idea de la arquitectura como ámbito de convivencia se gestó en el intelecto de Pedro Ramírez desde la adolescencia, en las clases de Historia Universal que regalaba el poeta Carlos Pellicer a sus alumnos de la Secundaria 4, donde estudiaba el futuro arquitecto. Un cálido relato de la vida ateniense, con detalles de la variada e intensa convivencia que se desarrollaba en el foro y el ágora; en el templo, y en la actividad física del deporte, marcó el camino del púber en formación. Pellicer “no mencionaba la arquitectura, no se refería a Pericles, ni a Fidias, ni a mármoles ni creaciones formales, sino al uso de espacios en convivencia”, relata Ramírez Vázquez en el libro Museo Nacional de Antropología. Gestación, proyecto y construcción (INAH-2012). “Con la brillantez y el entusiasmo de sus palabras nos transmitió la importancia de crear espacios para una variada, intensa y rica convivencia”. El mismo Pedro escribe que paralelamente a las clases del poeta Pellicer empezó a entender los valores de la democracia y que el fin primordial de la arquitectura es la creación de espacios para la convivencia. “Fue así como tomé la decisión de estudiar arquitectura”. En la escuela de la UNAM, donde recibió las enseñanzas del “arquitecto de arquitectos” Federico Mariscal; los maestros Carlos M. Lazo, José Villagrán, Mauricio M. Campos, el artífice de la colonia Hipódromo Condesa, José Luis Cuevas; así como de Domingo García Ramos y Luis Creixel, comenzó a conformar con mayor claridad su visión de la arquitectura. Aprendió a verla como una disciplina de servicio para el usuario, creadora de espacios que el hombre habita, usa y donde desarrolla su vida; espacios para la enseñanza, la salud, la recreación, el comercio. “Del pasado siempre nos nutrimos”, decía Pedro. En los años 30, cuando era estudiante, las instalaciones de la UNAM estaban dispersas en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Sobre la calle de Moneda, a cuadra y media de la Academia de San Carlos, donde estaba la Escuela de Arquitectura, se ubicaba el antiguo Museo Nacional de Antropología. “En aquel entonces muchos estudiantes íbamos con frecuencia al patio del museo a repasar las fichas del siguiente examen o en busca de un marco propicio para el trato con las entonces escasas estudiantes universitarias –relata el arquitecto en las páginas de Museo Nacional de Antropología… Ahí tuve la oportunidad de conocer el grande y cuidado almacén de los vestigios acumulados de nuestro pasado prehispánico”. Mientras la Segunda Guerra Mundial devastaba las principales ciudades de Europa, Pedro Ramírez se graduaba en la escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (1943). En 1944 tuvo la oportunidad de trabajar como dibujante en la Secretaría de Educación Pública (SEP), cuando el general Manuel Ávila Camacho, entonces presidente de México, designó por primera vez al poeta Jaime Torres Bodet titular de dicha instancia. “Me formé con Jaime Torres Bodet. Siendo estudiante comencé a trabajar como dibujante cerca del maestro de urbanismo José Luis Cuevas Pietrasanta”. Pero el primer gran reto profesional que enfrentó Pedro fue la construcción de escuelas en zonas rurales aisladas y en condiciones ambientales difíciles. Tuvo que desarrollar soluciones adecuadas al ambiente pantanoso y tropical de Tabasco. En aquella época Torres Bodet iniciaba su visión educativa y se lanzó a fundar el organismo que habría de proyectar y construir en todo el país “los espacios educativos que México requería”: el CAPFCE (Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas). “Con clara visión nacional de la variedad de climas, recursos materiales y económicos, se designaron responsables a los grandes maestros de la Escuela Nacional de Arquitectura y a otros profesionales de la época, mientras que para las entidades del sur, para las que había menos presupuesto, se recurrió a los jóvenes. De esta manera me encargaron Tabasco y así iniciaron mis 20 años de oportunidades de trabajo con don Jaime Torres Bodet”. A partir de la experiencia en Tabasco, el ejercicio profesional de Pedro se encauzó a la atención de necesidades educativas. Por eso tiempo se comenzaron a construir las casas para los maestros en lugares apartados, muchas veces usando solamente varas y lodo, en resumen, métodos tradicionales. Cuando Jaime Torres Bodet ocupa la titularidad de la SEP por segunda ocasión, durante la presidencia de Adolfo López Mateos (1958-1964), se lleva a cabo el Plan Once Años que emprendió la construcción masiva de escuelas; el ya entonces experimentado arquitecto ideó un diseño modular de aulas escolares con elementos prefabricados para las zonas rurales que permitió, con ayuda de las comunidades, edificar más de 30,000 escuelas en seis años. En muchos sitios las partes de los inmuebles se trasportaban a lomo de burro, a caballo o en pangas si había que cruzar cuerpos de agua. Fue una época de mucho trabajo para cumplir la empresa de Bodet, de hacer escuelas en todo México. “No hay población en la República Mexicana donde no exista por lo menos una escuela con ese sistema”, advierte el arquitecto en una entrevista publicada en el libro Pedro Ramírez Vazquez: imagen y obra escogida (UNAM). “La escuela rural es una obra de la que me enorgullezco”. Pedro Ramírez Vázquez pertenece a la generación de arquitectos modernos que desde los años cuarenta se han hecho cargo del nuevo contexto arquitectónico del país, advierte Enrique X. de Anda Alanís en el libro editado por la UNAM. Dos de sus obras emblemáticas, que permanecen como testimonio de ese impulso modernizador que disparó a México a la vanguardia cultural a mediados del siglo XX, son la Galería de Historia y el Museo Nacional de Antropología (MNA), hito de los museos de los años 60, “el primer gran museo del futuro”, dijo en 1964 el arqueólogo peruano Luis Lumbreras. Para el director general del INAH, Sergio Raúl Arroyo, la contribución fundamental del arquitecto fue haber logrado que el gran acervo cultural que fue acumulando el INAH se presentara de manera moderna. El museólogo mexicano Marco Barrera Bassols, coordinador Nacional de Museos y Exposiciones del INAH, advierte que el MNA es la síntesis en la que se puede expresar un cambio en las maneras de ser de la cultura y es un cambio moderno. Su expresión no es sólo en un edificio y una manera de exhibir, que sigue siendo un hito importante en el mundo; sino que, por ejemplo, fue el momento en que se profesionalizaron los servicios educativos; el MNA planteó nuevas formas de trabajar con la gente, de vincular la educación con la exhibición, una educación no formal. Pedro advierte que es en los años 60 cuando se perfila el México moderno, y él tuvo la oportunidad de vivir y participar en los grandes procesos de cambio que modificaron la vida de los mexicanos de aquella época. Una de las líneas de evolución del país se dio a través de la afirmación de los valores nacionales, principio del programa educativo de Jaime Torres Bodet; y dentro de los principales medios para cimentarlos estuvo la creación y el fortalecimiento de los museos, advierte en el libro citado quien fuera artífice de edificios. En 1960 concibió la Galería de Historia; en 1962 el Museo Fronterizo de Ciudad Juárez; y en 1964 el Museo Nacional de Antropología y el Museo de Arte Moderno. “El haber realizado estas obras abrió un nuevo cauce a mi interés y actividad profesional. El MNA me llevó al extranjero”. La difusión internacional del recinto ganó un reconocimiento para su creador: el arquitecto fue invitado como asesor y realizador de proyectos en Perú y Egipto, y a participar en la remodelación del Louvre, de París, Francia. La modernización de la Ciudad de México propició que se le encargara la construcción del edificio que ocuparía la Secretaría de Relaciones Exteriores en Tlatelolco,  actualmente Centro Cultural Universitario; y la modificación en la vida del DF hizo necesario dotarla de mercados públicos, Pedro diseñó 15, entre ellos La Lagunilla, Tepito y Coyoacán, entrañables para el arquitecto que también era habitante del DF. Desde obras como las cientos de escuelas rurales, que en seis años se esparcieron por todo el territorio nacional, hasta el coloso Azteca y la nueva Basílica de Guadalupe son piezas representativas de la cultura mexicana más cercana a la gente, con un valor intangible ganado con el uso social: arquitectura de uso colectivo, masivo. Formado entre pilas de libros viejos atesorados por su padre, quien se dedicaba a venderlos, y los relatos intensos de un poeta, Pedro creció mirando oportunidades para desarrollar su propio talento en medio del espacio; llenó la nada con formas tangibles, gigantescas, que invitaran a la gente desarrollar su vida, como ocurrió en la antigua Grecia, en templos y ágoras; foros y estadios. Su arquitectura, como ámbito de convivencia, recibe un homenaje cada vez que el Azteca vibra con un gol, cuando los rezos invaden la Basílica el 12 de diciembre o los gritos de oferta compiten en Tepito y La Lagunilla. “Cambiar es vivir”, decía Pedro, y lo puso en práctica claramente siendo presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos celebrados en México; entonces, por ejemplo, pidió a los diseñadores alejarse de estereotipos como el sombrero de charro; en cambio creó la olimpiada cultural, “uno de los elementos más originales y más poderosamente identitario del 68 mexicano –escribe Ariel Rodríguez Kuri (Nexos, abril 2013). La olimpiada cultural fue un mundo en sí mismo, un aleph artístico, científico y tecnológico. Pretendió ser la representación plástica del estado del arte en la década de 1960. Con ella (el arquitecto) habría hecho una nueva lectura de los juegos griegos”. Pedro cuenta en uno de sus últimos libros que el día de la inauguración del MNA, el presidente Adolfo López Mateos le preguntó a Carlos Pellicer qué le había parecido el museo; el poeta, con el vozarrón que le caracterizaba, contestó: “Yo soy el culpable”. Aquel estudiante de la Secundaria 4 muere cuando el Museo Nacional de Antropología está en el umbral de su cincuentenario. Otra coincidencia. La transformación que significó en un momento histórico la obra de Pedro Ramírez Vázquez mantiene viva su obra, mientras que en la fecha de su muerte se festejará siempre su natalicio.   Galería de fotos {gallery count=1 width=300 height=250 counter=1 labels="caption" slider=boxplus.carousel }/pedroramirez/fotos/{/gallery}
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